El nivel de alfabetización en España era muy bajo, mucha gente no sabía leer y menos escribir. Aunque se contaba con escuelas y maestros en muchas de las regiones, la educación de niños y niñas se prefería dejar de lado por tareas más productivas como el trabajo de la tierra, el cuidado de la casa, de los otros hermanos…

El maestro tenía el protagonismo central en este tipo de enseñanza y se le respetaba en todo el pueblo por su tarea, al igual que al médico o al abogado. Ser maestras fue uno de los primeros trabajos que pudieron acceder las mujeres abiertamente. Pero, con ciertas reticencias, pues era preferible que fueran solteras y si eran casadas era con el permiso del marido.
La clase estaba formada por niños de distintas edades y conocimientos. Para los más pudientes, podían solicitar un tutor personalizado para que sus hijos aprendan desde casa.